viernes, 8 de septiembre de 2006

Apuntes Historicos sobre el Salitre

Extracto de la revista "14a Memoria Anual" de SQM del año 1985.

Las primeras aplicaciones prácticas del salitre, a través de la historia de la humanidad, están directamente relacionadas con los explosivos. En efecto, la pólvora se fabricaba mezclando azufre, carbón y salitre. Los antiguos no conocían bien las cualidades explosivas de la pólvora, por tanto se le utilizaba en la guerra, con combinaciones incendiarias. Entre ellas estaba el famoso "Fuego Griego" que los romanos usaban lanzándolo contra las posiciones enemigas con gigantescas catapultas. Este elemento incendiario estaba compuesto por azufre, resina y salitre. Los chinos conocían la pólvora, mas no la usaban con fines bélicos, sino que en la fabricación de sus fuegos artificiales que eran verdaderas maravillas pirotécnicas.
Marco Polo, cuando retornó a Europa de su fabuloso viaje, dio fe de estas maravillas.
Desde antes de la era cristiana, los alquimistas chinos y árabes fabricaban pólvora, empleando, fuera de carbón y azufre, el nitrato potásico, de gran abundancia en las llanuras de China.
Los europeos comenzaron a usar la pólvora desde el siglo XIV, aunque ya conocían el nitrato potásico desde la baja Edad Media.
Descubierta América, e iniciada su conquista y dominio, el salitre del sur de ésta era tan valioso como el oro. Con él se fabricaba el explosivo para trabajar las minas y para defenderlas.
La pólvora en Chile se fabricaba con salitre de Tarapacá, azufre de la alta cordillera (Tacora) y carbón elaborado con algunas escasas manchas boscosas de la zona. El problema surgió cuando se agotaron estos, mas la solución llegó a traves de la gran cantidad de troncos derribados y enterrados en la Pampa del Tamarugal, desde tiempos inmemoriales. Los indios sabían donde estaban estos verdaderos "yacimientos de madera". A estos baqueanos se les llamaba "cateadores de leña".
Cuenta el escritor don Oscar Bermudes Miral, en su notable "Historia del Salitre", una sabrosa crónica: "En cierta ocasión, atravezaban dos indígenas las arideces de la pampa y al llegar la noche resolvieron acampar donde ya la fatiga les cortó el paso. El frio de aquellas soledades les obligó a hacer fuego, pero cual no sería su sorpresa cuando la débil fogata tomaba brios y propagando sus llamaradas, hacía arder la tierra con inesperados chisporroteos. Llenos de pavor, los pobres indígenas creyeron ver en ello la intervención de un espíritu diabólico y, presas del pánico, emprendieron precipitada fuga que terminó con los primeros rayos del sol. Se dirigieron a la parroquia de Camiña (Departamento de Tarapacá) y contaron al cura lo que les había pasado. El cura creyendo también algo sobrenatural, llegó hasta el sitio del suceso. Después de bendecir el lugar y rezar varias oraciones, regresó a la parroquia trayendo algunas muestras de la tierra que los indígenas habian visto arder; después de analizarlas, pudo comprobar que se trataba nada menos que de riquísimo mineral con alta ley de nitrato de potasio, poderoso componente en aquel entonces, empleado en la fabricación de la pólvora. Los restos de las muestras las arrojó el cura en el patio de la parroquia, notando al poco tiempo, con gran sorpresa, que las plantas próximas tomaban proporciones gigantescas; hizo el ensayo en hortalizas y obtuvo el mismo maravilloso resultado.
Entonces el cura recomendó a sus feligreses que emplearan este abono, que él llamó tónico para el reino vegetal".

En las postrimerías de nuestro periodo colonial, en 1809, el eminente sabio alemán, don Tadeo Haenke, contribuyó al desarrollo de la explotación salitrera en la zona Norte de Chile, al proporcionar un procedimiento para conversión de nitrato sódico en nitrato potásico, dando gran auge a la producción en Zapiga, Pampa Negra y Negreiros.
Desde esa fecha hasta nuestros dias, durante 177 años, el caliche de las pampas nortinas, transformado en salitre, ha estado enriqueciendo las tierras de cultivo, en nuestro país y en los más variados puntos del orbe. Lejanos ya parecen esos dias, en que el primer buque cargado con salitre, zarpó hacia el viejo mundo. Fué un 21 de julio de 1830, cuando un velero de cuatro palos, tras afanosa navegación, llegaba al puerto de Liverpool. Al enterarse las autoridades locales del cargamento que llevaba la nave, no le permitieron atracar a los muelles por considerar el salitre altamente peligroso. Comprensible temor, porque en aquellos tiempos y en esas latitudes, este producto era sinónimo de pólvora; por lo tanto, explosión y muerte.
Algunos años después en Chile, se fundó la Sociedad Nacional de Agricultura, que fue gran impulsadora del uso del salitre como fertilizante en los campos chilenos. Esta iniciativa, tuvo que vencer la oposición de quienes sostenían con ardor y entusiasmo la peregrina tesis de que las tierras de nuestro pais no necesitaban abono para producir.

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